Ellas – Jorge Ariel Madrazo

 

Como de acero o turbadora seda
o imaginario jardín oriental,
así es nuestro amor. Son testigos
el Sur, la noche cóncava, aquel bar
de vino y de miradas que desvisten,
tu alma abierta a la interrogación.
 
¿Qué hizo posible, inquieres, este amor
al que Tiempo no mella? Te respondo:
vos y yo amamos, en ambos, además,
a los diversos que abrazan nuestro abrazo.
Ellas y ellos, los amados muy antes,
son los garantes de esta caricia eterna,
de este amor que créase a si mismo,
nutrido, noche a noche, de sus varios.
Mi  amor, quiero serte franco:
tus actos son insensatos.
 
Como esa Carga de Caballería Ligera
contra tus viejos amantes que,
en la noche de Crimea,
 
se cobraron revancha en jinetes y
……….caballos.
 
Amor, ya el último tren funerario
abandonó Crimea,
…………………………los últimos
perros amarillos de Crimea
han dejado de arrastrar
sus tripas por la estepa.
 
Mi amor lo juro: depuse
hace ya un milenio cualquier pretensión
sobre Moldavia, Valaquia o
 
sobre tu afán
de poseer la razón universal.
Acabo de cederte
………………..toda la Besarabia
 
Clausuré al fin este romance
digno de otra Guerra Mundial.
 
Agitando, frente al pesado cielo, tu
cabello,
te apurás a cerrar la persiana
(oxidada)
con cierta
secreta
voluntad
de dar vuelta una página
molesta.
Al asomarte, la aguja del frío
proyectará en tus pupilas dos
estrellas tan diminutas que
ni merecen
llamarse
universo:
allí
estarán, algo (bastante, quizás) más
arriba de tu mano,
tu mano que acaso
bruscamente va a golpear
(para mejor cerrarla)
la herrumbrada hoja de metal.
De un instante al otro una irreal
congoja te aproxima a esas estrellas.
¿Las une acaso tu mirada? ¿Sólo
eso? ¿Por qué entonces la persiana
amaga cerrarse contra tu
pecho? ¿Por qué esas estrellas
al apagarse
te dejan ciega de toda luz?
Cuando las manos del universo
se atreven a mecer
tu cabello con tal irreal desatino
una luz única, intensísima, se
enciende en el vino
en la casa del poeta, al borde
del acantilado.
Una luz única, intensísima, y
 
el viento recién nacido
impulsa al navío violeta
contra el muelle y el albatros chillón.
Todo esto sucede cuando
el universo mece tu cabello
 
Y cuando atás tu cabello con
una delgada cinta de seda
como quien pretende contener
una tormenta en un dedal
las nubes caen sobre Tongoy
y yo pastoreo palabras
en el cosmos, en la luna,
y es mi única ambición
 
que tu cabello crezca en mi pecho
que tu cielo quepa en mis pupilas
que tus llantos empapen
mi voz.

 

# XLIX:  Jorge Ariel Madrazo

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