Carta urgente al creador del universo – Eduardo Lizalde

 

Afortunadamente, Dios.
afortunadamente para ti,
no existes.
Se te hubiera mezclado en este horrendo asunto,
si existieras.
Grande era el riesgo:
Te habrían juzgado en Nüremberg
como criminal de guerra,
con otras inocentes y alemanas
criaturas tuyas
y como el principal entre los delincuentes,
el lobo entre los lobos.
Sólo el Papa Pío XII
(siempre tan piadoso como su apelativo),
confabulado tiernamente con los nazis,
por purísima bondad seguramente,
y dulcemente aliado con las peores causas,
te hubiera defendido.
¡Las que hubieras pasado!
Habrías -estoy íntimamente persuadido-,
abjurado
de la filosofía tomista
y ostentado
tu carnet del partido comunista antes oculto,
y hubieras creado en Auschwitz
una suntuosa cámara de gases,
con otra cruz en medio,
para autoejecutarte
y autocrucificarte solo frente al mundo
con tu estrella infamante de judía
colgada al cuello.

Qué reprise del Góngora, Dios mío.

Qué colofón al Nuevo Testamento.

Sólo es un bello sueño,
pero de buena gana
yo habría puesto el puño y el pulgar hacia abajo
en tu presencia,
porque aun no existiendo
eres el verdadero responsable,
y exactamente por eso
-creo que lo dijo algún ruso-,
porque tú has cometido la vileza espantosa
de no existir,
todo está permitido.

#LII:  Eduardo Lizalde

eduardo-lizalde

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