El hombre de Quimarí – Juan Mares

 

Ese hombre se levanta antes que los pájaros

descubre lunas semiveladas por la bruma.

 

Sale al encuentro del día entre las cosechas

Sus ojos develan los matices del verde.

 

– Quimarí se mantiene a temperatura de agua en termo amanecido –

Las guacharacas dan inicio a su concierto y en todas las colinas

florecen las chozas con anuncios vitales.

El hombre cierra los ojos y abre un paréntesis en la faena iniciada

y escucha los colores de los pájaros tras el canto.

El aire húmedo le calienta los oídos dejándose llover de la luz tibia.

Los monos cotudos entonan su himno milenario.

 

Este hombre entre humedades y manos teñidas de tierra y clorofila

Siembra su anónima historia con su espeque de carreto.

Y se abren los vientos del corazón tras los horizontes

entre los espejismos de las salientes rocas

y ese corazón se crece como el de un colibrí.

Allíla la ardilla salta y salta entre los cacaotales

Las chejas en los maizales están de fiesta.

 

Hay un bullicio de trinos y gorjeos en la espesura del bosque

Las rojas hormigas en los yucales están de faena

mientras el sudor de un hombre quema soles tras su espalda

entre abriles y noviembres.

Las casas se llenan de mancornas y turegas de maíz y arroz.

Brama en el cielo un colosal tamborilero.

Este corazón se ensancha y urde su atarralla de sueños.

 

LXXII: Juan Mares

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